Implantar una prótesis total de cadera no siempre consiste únicamente en sustituir una articulación deteriorada. Algunas alteraciones anatómicas presentes desde el nacimiento requieren una cirugía reconstructiva compleja, con objetivos y riesgos diferentes a los de una intervención convencional.
Este caso corresponde a una paciente con displasia severa de cadera y luxación congénita, una situación que había provocado una importante diferencia de longitud entre las piernas —dismetría— y una alteración significativa de la biomecánica de la marcha.
Para reconstruir la articulación en su posición correcta y corregir la dismetría de forma segura, fue necesario combinar la prótesis de cadera con un acortamiento controlado del fémur.
En este contexto, “luxación congénita” hace referencia a una alteración presente desde el nacimiento. No debe confundirse con la luxación de una prótesis de cadera ya implantada.
El problema inicial: displasia severa, luxación y dismetría
En la displasia severa, la anatomía de la cadera puede encontrarse profundamente alterada. Cuando se asocia a una luxación congénita, la cabeza femoral no mantiene su relación anatómica habitual con el acetábulo o cavidad de la pelvis.
Esta posición anómala puede afectar al funcionamiento de toda la extremidad y provocar:
- Una diferencia de longitud entre las piernas.
- Alteraciones de la marcha.
- Cambios compensatorios en la pelvis.
- Una distribución anómala de las cargas.
- Dificultad funcional progresiva.
En esta paciente, la dismetría era claramente apreciable antes de la cirugía y constituía uno de los principales elementos que debían tenerse en cuenta durante la planificación.

¿Por qué no es una prótesis de cadera convencional?
En una cirugía primaria convencional se sustituyen las superficies deterioradas intentando reproducir la anatomía de la articulación. Sin embargo, en una cadera con displasia severa y luxación congénita, el punto en el que ha estado funcionando el fémur puede encontrarse alejado de la posición anatómica original de la cadera.
Por eso, el objetivo no consiste simplemente en colocar una prótesis donde se encuentra la articulación deformada. La cirugía reconstructiva trata de:
- Reconstruir la cadera en una posición anatómica adecuada.
- Proporcionar estabilidad a la nueva articulación.
- Mejorar la biomecánica de la extremidad.
- Corregir, en la medida de lo posible, la diferencia de longitud.
- Evitar una tensión excesiva sobre los músculos, vasos y nervios.
La radiografía inicial permite observar la importante alteración anatómica que hacía necesaria una planificación específica.

El reto de recuperar la longitud de la extremidad
Reconstruir la cadera en su posición adecuada puede implicar un alargamiento considerable de la extremidad. Sin embargo, recuperar toda la longitud de manera directa no siempre es seguro.
Los nervios y las partes blandas se han adaptado durante años a la posición y longitud previas. Un alargamiento excesivo puede someterlos a una tensión demasiado elevada, especialmente a estructuras nerviosas como el nervio ciático.
Por ello, la corrección de la dismetría debe planificarse buscando un equilibrio entre varios objetivos:
- Reconstruir la articulación en la posición deseada.
- Recuperar una longitud adecuada de la pierna.
- Evitar una tensión excesiva sobre las estructuras nerviosas.
- Conseguir una prótesis estable.
- Facilitar una biomecánica funcional de la cadera.
No se trata simplemente de igualar las piernas a cualquier precio, sino de realizar una corrección segura y adaptada a la anatomía de la paciente.
La planificación comienza antes del quirófano
En este tipo de cirugía compleja, una parte esencial de la solución se establece antes de iniciar la intervención.
La planificación permite analizar la anatomía, anticipar la posición de los componentes y calcular cómo puede afectar la reconstrucción a la longitud de la extremidad.
Entre los aspectos que deben valorarse se encuentran:
- La posición del acetábulo anatómico.
- La anatomía y características del fémur.
- La magnitud de la luxación.
- La diferencia inicial de longitud.
- El alargamiento que produciría la reconstrucción.
- La tensión potencial sobre las estructuras nerviosas.
- La estrategia necesaria para implantar una prótesis estable.
Las decisiones deben individualizarse, porque no todas las displasias presentan el mismo grado de deformidad ni requieren la misma técnica.
Acortamiento controlado del fémur
En este caso, para evitar una tensión excesiva sobre los nervios, se realizó un acortamiento controlado del fémur.
Esta estrategia permitió reconstruir la cadera en su posición correcta sin trasladar todo el alargamiento necesario a las partes blandas y a las estructuras nerviosas de la extremidad.
El acortamiento femoral no persigue reducir la longitud de la pierna como objetivo final. Se utiliza para compensar de manera controlada el cambio producido al llevar la cadera a una posición más anatómica.
De esta manera fue posible:
- Colocar la prótesis de cadera en la posición planificada.
- Evitar un alargamiento excesivo de la extremidad.
- Disminuir la tensión sobre las estructuras nerviosas.
- Corregir la dismetría de manera segura.
- Restaurar una relación articular adecuada.

Corrección de la dismetría
Además del resultado radiográfico, las imágenes clínicas permiten observar la corrección conseguida en la longitud de las extremidades.
En una cirugía de estas características, el resultado no debe valorarse únicamente por la presencia de la prótesis. También es importante comprobar cómo la reconstrucción ha modificado la longitud de la pierna y el equilibrio global de la extremidad.

La cirugía reconstructiva es más que implantar una prótesis
Este caso muestra que, ante una displasia severa con luxación congénita, la intervención no puede reducirse a escoger e implantar una prótesis.
La reconstrucción requiere comprender cómo la deformidad ha afectado a toda la extremidad y planificar una solución que tenga en cuenta:
- La anatomía de la pelvis y del fémur.
- La posición adecuada de la articulación.
- La estabilidad de la prótesis.
- La diferencia de longitud.
- La tensión sobre músculos y nervios.
- La seguridad de la corrección.
La prótesis es una parte esencial del tratamiento, pero el resultado depende también de la planificación y de las técnicas reconstructivas que permiten adaptarla a una anatomía compleja.
¿Qué nos enseña este caso clínico?
En esta paciente, la displasia severa y la luxación congénita habían ocasionado una importante dismetría y una alteración de la biomecánica de la marcha.
La colocación de la prótesis en una posición anatómica adecuada habría supuesto un alargamiento considerable de la extremidad. Para evitar una tensión excesiva sobre las estructuras nerviosas, se realizó un acortamiento controlado del fémur.
Esta estrategia permitió reconstruir la articulación y corregir la diferencia de longitud de manera segura. El caso demuestra por qué la cirugía compleja de cadera exige una planificación personalizada y una estrategia adaptada a cada anatomía.
Puede encontrar información general sobre la intervención en la página dedicada a la cirugía de prótesis de cadera.
Este caso se presenta con fines divulgativos. Cada paciente y cada deformidad requieren una valoración y una planificación individualizadas. Los resultados de un caso clínico no pueden trasladarse automáticamente a otros pacientes.



